Deseo de despedida
No te preocupes, no te disculpes por tu timidez.
Garabateame una sonrisa en la cara con algún chiste malo, despeiname un poco, ¡Uy, subí el volumen del stereo que esta canción me encanta! Ahora anclate un rato en mis ojos... ¡Eso! Mirame así, como cuando te tildás mirando una cosa y todo al rededor se pone como fuera de foco.
Y agarrame, así, sin miedo. Dale, sin miedo que yo no te suelto. Ey, te dije que no te suelto... Pucha, mala mía. A veces uno quiere agarrar y ya fue soltado.
Tranquilo, no te culpo. Sólo estás un poco desarmado.
Pero te vas a sanar, te lo prometo. Te lo deseo.
Me hubiese encantado haberte podido arreglar. Pero por más que hubiese podido, yo no te iba a completar. No estoy de malas hoy, pero tengo que decirte que nunca vas a estar completo. Alguien alguna vez se llevó un pedacito tuyo para siempre y no te lo va a devolver jamás. Nos pasó a todos, de verdad te digo. Mejor te dejo hacer tranquilo tu duelo por el pedacito tuyo que perdiste. Duele perder algo de uno, duele todo lo que se va y no vuelve, duele lo que no podemos manejar, duele el recuerdo que de cuando en cuando nos brota por los ojos, duelen las fechas, duelen las fotos, duele la gente. Duelen los pedacitos.
Te vas a sanar, te lo prometo. Te lo deseo.
No te quiero echar la culpa porque no la tenés.
Estás haciendo y siendo lo que te sale, lo que podés, lo que no buscás. Somos lo que hicieron con lo que éramos antes de algunas personas.
Te vas a sanar, te lo prometo. Te lo deseo.
No, no hace falta que me abras la puerta del auto. Tampoco que me dejes pasar primero. Gracias igual.
Te vas a sanar, te lo prometo. Te lo deseo.
Y antes de irme así, con la ilusión clavada en la nuca, me tomo el atrevimiento de pedirte algo. Si vas a volver a querer, primero asegurate de una cosa: que el miedo no te apague el amor.
Gracias, gracias de verdad. Y cuidalo. No, tenelo. Tenelo, te digo. Son las reglas del juego: ahora yo te dejo un pedacito de mí.
Garabateame una sonrisa en la cara con algún chiste malo, despeiname un poco, ¡Uy, subí el volumen del stereo que esta canción me encanta! Ahora anclate un rato en mis ojos... ¡Eso! Mirame así, como cuando te tildás mirando una cosa y todo al rededor se pone como fuera de foco.
Y agarrame, así, sin miedo. Dale, sin miedo que yo no te suelto. Ey, te dije que no te suelto... Pucha, mala mía. A veces uno quiere agarrar y ya fue soltado.
Tranquilo, no te culpo. Sólo estás un poco desarmado.
Pero te vas a sanar, te lo prometo. Te lo deseo.
Me hubiese encantado haberte podido arreglar. Pero por más que hubiese podido, yo no te iba a completar. No estoy de malas hoy, pero tengo que decirte que nunca vas a estar completo. Alguien alguna vez se llevó un pedacito tuyo para siempre y no te lo va a devolver jamás. Nos pasó a todos, de verdad te digo. Mejor te dejo hacer tranquilo tu duelo por el pedacito tuyo que perdiste. Duele perder algo de uno, duele todo lo que se va y no vuelve, duele lo que no podemos manejar, duele el recuerdo que de cuando en cuando nos brota por los ojos, duelen las fechas, duelen las fotos, duele la gente. Duelen los pedacitos.
Te vas a sanar, te lo prometo. Te lo deseo.
No te quiero echar la culpa porque no la tenés.
Estás haciendo y siendo lo que te sale, lo que podés, lo que no buscás. Somos lo que hicieron con lo que éramos antes de algunas personas.
Te vas a sanar, te lo prometo. Te lo deseo.
No, no hace falta que me abras la puerta del auto. Tampoco que me dejes pasar primero. Gracias igual.
Te vas a sanar, te lo prometo. Te lo deseo.
Y antes de irme así, con la ilusión clavada en la nuca, me tomo el atrevimiento de pedirte algo. Si vas a volver a querer, primero asegurate de una cosa: que el miedo no te apague el amor.
Gracias, gracias de verdad. Y cuidalo. No, tenelo. Tenelo, te digo. Son las reglas del juego: ahora yo te dejo un pedacito de mí.
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