No te condenes
No te esclavices al dolor. No te condenes, no. Que se aviven las pasiones, los sentidos y el amor. No te entregues a crujir por el deseo ajeno, que ya somos muchos los que perdemos en el intento de intentar. Sí, ya somos muchos los que nos apagamos ante la lluvia de febrero que clama por renuncias que atentan contra lo impuesto. Ya somos muchos los que entendemos que nos aglutinamos sinsentido en un infinito que no da para más. Ya somos muchos los que nos marchitamos antes de florecer. Ya somos muchos los que nos abandonamos por alguna súplica de nuestra versión del yo que nos visita desde el ayer. No te esclavices al dolor. No te condenes, no. Porque quizás no haya mejor consuelo que abrazarnos a la idea de que no se gana si no se cree en uno mismo, en un otro, en un mañana que nos hace promesas al oído sobre eximirnos de lo indeseado y de quereres rotos. Porque somos víctimas de una realidad que es la que nos toca y no la que elegimos, y caemos en que para sanarnos hay...