Miedo(s)
Me gusta cuando jugamos a que el tiempo no existe. Me gusta cuando mi sonrisa se mece un rato en tus pupilas. Me gusta cuando me hacés creer que la vida no es más que un par de canciones con letras en inglés, servilletas sucias sobre la mesa y un asiento de tren del lado de la ventana. Me gusta cuando insinuamos que el hecho de ser soñadores, nos condena a una especie de locura asimétrica que se trepa desde las raíces de esa rutina que tanto queremos cambiar. Me gusta cuando mi mano se roza con la tuya, y en un ir y venir constante, se juntan y presumen con acotada inocencia ser una sola cosa, un todo.
Incluso, me gusta poder decirte que tengo miedo. Que tengo miedo de que un día no exista un nosotros después del café. Que tengo miedo de que seamos víctimas de ese proceso de desgaste al cual se somete absolutamente todo. Que tengo miedo de que tus ojos miren en dirección opuesta a los míos. Que tengo miedo de que nos ceguemos por un impulso y no por lo genuino.
Y hoy entendí por qué yo tengo miedo y vos no. Porque dejás que te abrace de calma aquello que existe después del miedo: la certeza de que, sin importar en cuántos inviernos y en cuántos olvidos nos perdamos, yo voy a estar esperándote justo ahí, en ese sentir que aún no logramos hacer coincidir.
Incluso, me gusta poder decirte que tengo miedo. Que tengo miedo de que un día no exista un nosotros después del café. Que tengo miedo de que seamos víctimas de ese proceso de desgaste al cual se somete absolutamente todo. Que tengo miedo de que tus ojos miren en dirección opuesta a los míos. Que tengo miedo de que nos ceguemos por un impulso y no por lo genuino.
Y hoy entendí por qué yo tengo miedo y vos no. Porque dejás que te abrace de calma aquello que existe después del miedo: la certeza de que, sin importar en cuántos inviernos y en cuántos olvidos nos perdamos, yo voy a estar esperándote justo ahí, en ese sentir que aún no logramos hacer coincidir.
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