Las olas grandes

  Es por nuestra condición de ser seres humanos y por cuestiones que poco tienen que ver con el deseo propio, que el día a día nos expone a situaciones colmadas de grises impredecibles (lo que en nuestra pobretona lengua cotidiana se conoce como situaciones de mierda).
  Es de conocimiento universal saber que de todas las clases de situaciones de mierda existentes, las más viles son aquellas cuyas llegadas son anticipadas con una importante anterioridad dejando a la vista qué tan complicado se viene el tema. Ocurre entonces que, un buen día, la vida nos pone en medio de un mar embrabecido, lleno de olas de distintos tamaños que golpean contra nosotros. Sentimos que nos hundimos. Intentamos flotar y es ahí cuando nos damos cuenta de que en la superficie la ola rompe contra nosotros con una fuerza incorregible, por lo que decidimos probar con sumergirnos. Justo viene una ola pequeña. Tomamos aire y, cuando la ola se aproxima, nos tapamos la nariz y vamos abajo del agua por unos instantes. Luego levantamos la cabeza y nos encontramos ahí, flotando en el mismo lugar, empapados de heroísmo porque logramos pasar una pequeña ola. 
  La misma secuencia se repite con con las olas medianas: vemos que se aproxima una de ellas, tomamos más aire aún, y al sumergirnos nos sometemos a un período un poco más largo conteniendo la respiración, pero finalmente lo logramos y regresa ese heroísmo reconfortante.
  Ahora bien, el asunto se pone jodido cuando lo que avanza hacia nosotros es una ola grande. Saber que se te avecina una situación de mierda es casi tan desesperante como ver que se te viene una ola gigante y no saber cuánto vas a aguantar abajo del agua para pasarla. O no saber si quiera si vas a aguantar.
  A causa de la escasez de opciones viables para abordar el problema, optás por apostar por la técnica contraria a la que venías empleando con las olas más chicas. Entonces seguís manteniéndote a flote y te amigás con la superficie porque entendiste todo: a las olas grandes se las pasa por arriba. A las olas grandes se les pone el pecho, el cuerpo. No, las olas grandes no prometen que salgamos ilesos de su impacto. Pero son las olas grandes, las únicas que pueden llevarnos a la orilla.

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